domingo, 9 de agosto de 2009

Guillermo O’Donnell: Las Nuevas Poliarquías

En los últimos años, el politólogo argentino Guillermo O’Donnell ha desarrollado en una serie de artículos de reciente publicación una muy sugestiva teoría crítica del debate actual en torno de las poliarquías.Su reflexión se centra en las democracias que emergieron como resultado de la tercera ola de democratización. O’Donnell las denomina nuevas poliarquías y considera que, si buen comparten rasgos con las poliarquías europeas y las de América del Norte (elecciones libres periódicas, libertades políticas, entre otras cosas), se diferencian profundamente de las mismas. Afirma O’Donnel que estas nuevas poliarquías no constituyen un ‘’caso desviado’’, ni son ‘’democracias no consolidadas’’ o ‘’débilmente institucionalizadas’’. En realidad, no deben ser juzgadas según los atributos de las poliarquías clásicas y sus instituciones formales, pues su originalidad consiste, precisamente, en ser poliarquías que se sostienen sobre otra institucionalización.Entre las especificidades de estas nuevas poliarquías O’Donnell encuentra que varias de ellas se caracterizan porque el ejercicio del poder se concentra en el Ejecutivo, que gobierna y toma decisiones de un modo centralizado, discrecional y sin trabas ni de parte del Poder Legislativo (al que parece ignorar) ni el Poder Judicial (al que tiende a controlar). Por eso, las denomina democracias delegativas. La contrapartida de esta concentración de poder en el presidente es un estado de apatía, individualismo y desinterés por parte de los ciudadanos en relación con los asuntos públicos, en que la población parece alejarse de las cuestiones políticas y delegar su responsabilidad en un ‘’salvador’’ que resuelva los grandes problemas.Este tipo de democracias suelen caracterizarse por tener débiles instituciones de control sobre los gobernantes (o, dicho de otro modo, una débil tradición republicana). En este aspecto, O’Donnell realiza otro interesante aporte a la compresión de estos nuevos casos. Este autor distingue entre instituciones formales, expresadas en la Constituciones y en las leyes, que se caracterizan por establecer una separación entre el interés publico de la población y el interés privado de los gobernantes (es decir, por guiarse según reglas universalistas al servicio del bien común) e instituciones informales, que la mayoría conoce y practica, a pesar de no figurar en las leyes, y que se caracterizan por no separar cuestiones publicas de cuestiones privadas y por regirse –por tanto- según reglas ‘’particularistas’’, que permiten utilizar el poder (político o económico) al servicio de intereses de individuos o grupos particulares.O’Donnell afirma que las nuevas poliarquías, con gobiernos de estilo delegativo, son ‘poliarquías informalmente institucionalizadas’ y una de sus ‘instituciones’ informales mas extendida es la corrupción y el no respeto de la ley por parte de los gobernantes.Asimismo, para O’Donnell el gobierno puede no respetar las leyes formales de la democracia de dos maneras: una, no respetando la división de poderes y no obedeciendo los organismos de control de unas agencias del gobierno por parte de otras (hecho que sucede muy frecuentemente en las nuevas poliarquías); la otra forma consiste en respetar las reglas de la poliarquía (elecciones libre periódicas o control vertical), con su conjunto de derechos políticos garantizados a la población (un hombre, un voto), pero no respetar los derechos civiles de la población (a través de la inseguridad policial, la ineficiencia de los servicios públicos, la evasión fiscal o la discriminación por parte del Estado, entre otros casos). O’Donnell cree que una democracia es una poliarquía (derechos políticos) mas un Estado de derecho (derechos civiles).Si estas dos cosas se dan juntas, los ciudadanos gozan de una ciudadanía plena. Pero si, como en muchas de las democracias latinoamericanas y también en las de la ex Unión Soviética, la gente puede votar libremente pero no son respetados sus derechos civiles, tiene una ciudadanía de baja intensidad. Esto significa que solo son ciudadanos iguales a la hora de votar, pero en todo lo demás no viven en una sociedad democrática, sino en un Estado autoritario, aunque tengan un gobierno poliárquico. La democracia para O’Donnell no es solo una forma de gobierno; es, además, un tipo de Estado que protege los derechos individuales.

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